8:00 AM
El sol salió a las 7:03 de la mañana, sin embargo ninguno de los dos se movió hasta una hora más tarde. Era un día cálido y cómodo. Él observó el reloj mientras ella pedía servicio al cuarto. ¡Que buena idea! La brisa que entró por la puerta logró que finalmente se movilizaran.
9:30 AM
Después de un delicioso desayuno de fruta, pan dulce y un rico café con leche bajaron a la piscina con sus periódicos y lentes en mano. Habría suficiente tiempo para planear las actividades del día después de descansar y relajarse un rato.
11:00 AM
Decidieron ir de compras, al menos por un par de horas, algo para los niños. Mazatlán estaba lleno de energía, pero ellos sabían lo que estaban buscando. Ella le guiñó un ojo. Es mejor que me tome una siesta, pensó él.
1:30 PM
Al entrar al Manila Bar, ya de regreso en su hotel, se abrieron sus apetitos. Comenzaron con salsa, totopos y dos margaritas frappé, continuaron con dos tostadas de la casa. Sí, pensó él, una siesta definitivamente.
3:30 PM
Despertaron descansados y llenos de energía. Había suficiente tiempo para un juego de tenis y un descanso en el jacuzzi antes de la hora de cócteles. "Al fin te gané", le dijo ella. "Me resbalé en ese punto", le dijo él. "Si como no", contestó ella. El respondió hundiéndola juguetonamente bajo el agua.
7:00 PM
Reían mientras subían las escaleras que los llevaban a su suite, tenían que cambiarse para la cena. La reservación era hasta las ocho, así que lo tomaron con calma y bajaron con tiempo para tomarse un trago en el bar.
8:00 PM
¿Algo diferente esta noche? Por supuesto. Se relajaron en La Nao, su restaurante predilecto dentro del resort. "Creo que pediré el salmón", dijo ella, "y yo la ternera". Era perfecto. La comida. La vista. La compañía.
10:00 PM
Más tarde, después de un paseo por la playa, ella se acercó y lo pellizcó, él bien sabía lo que eso significaba y estaba feliz de haber tomado esa siesta. La noche era joven y duraría hasta el amanecer de un nuevo día.




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